Otra renuncia: Pedro Kesselman en Derecho del Trabajo
Señor Presidente del COLEGIO PUBLICO
DE ABOGADOS DE LA CAPITAL FEDERAL,
Dr. Jorge Gabriel RIZZO.
PRESENTE.
De mi consideración:
Me dirijo a Vd. a fin de presentar mi renuncia como Director del Instituto de Derecho del Trabajo.
Mi decisión encuentra varias razones. La primera es que durante los mas de cuarenta años de ejercicio activo de la profesión de abogado he sido un constante defensor del sistema de seguridad social, y particularmente, de las cajas profesionales que desde hace décadas protegen a los egresados universitarios de todo el país. Como cofundador del Colegio de Abogados de Lomas de Zamora, y defensor del sistema de colegiación, traté de impulsar y desarrollar la Caja que funciona en la Provincia de Buenos Aires. Pero además, como abogado que también ha litigado y litiga en el ámbito de esta Ciudad de Buenos Aires, haciendo míos los principios que ya desde 1942 sostuvo la Asociación de Abogados, procuré impulsar en aquélla la creación de una Caja de Seguridad Social.
Como convencional constituyente nacional, en 1994 participé, con otros representantes de distintas corrientes, en la defensa del sistema de Cajas profesionales, sobre las cuales pendía la amenaza de absorción por el Estado y las Administradoras privadas luego creadas. Mi postura surge de las intervenciones de las que da cuenta el respectivo diario de sesiones de la Convención, págs. 3882 y 3883. Dije allí que dichas cajas profesionales "constituyen un modelo en cuanto a manejo y a la conducción por parte de sus beneficiarios", basando mis afirmaciones en la experiencia personal.
Sé que el señor Presidente tiene una interpretación diferente sobre lo que disponen los arts. 121 y 125 de la Constitución Nacional, interpretación que no ha sido la de los constituyentes de 1994, si se lee el citado diario de sesiones en sus páginas 3875 y ss., a través de las intervenciones de los convencionales Ortiz Pellegrini, Marín, Carrió y quien suscribe. Pero respeto la disidencia, que como tal no me molesta, siempre que la misma se exponga con altura y respeto a quien no piensa igual.
En los últimos tiempos, Vd. y otros colegas -que, como lo define el Diccionario de la Lengua Española, son o deberían ser mis compañeros de profesión- han dejado de lado el debate sereno, para lanzar imputaciones ofensivas que, sinceramente, deploro. Como he dicho, cuando concurrí a crear la Caja de Seguridad Social para Abogados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, basada en el art. 81 inciso 5º de la Constitución de esta Ciudad, lo hice en base a mis viejas y constantes convicciones, que Vd. y otros colegas podrán no compartir, pero que son tan respetables como las de quienes se opusieron -algunos desde hace décadas- al régimen solidario entre los abogados. Y he velado y velo permanentemente, al igual que quienes actuamos en los roles directivos de la Caja, para que la transparencia y el proceder honesto sean permanentes.
Más allá de lo que he señalado, siento que el clima al que se ha llegado en nuestro Colegio, no permite el análisis y el intercambio de opiniones que permita desarrollar la actividad científica. Nunca imaginé, porque conozco a Vd. desde hace años, que la circunstancia de integrar el Directorio de la Caja creada por la ley 1.181, y haber propiciado la sanción de la norma mediante un proyecto basado en la experiencia de las numerosas cajas creadas desde la década del 40, sea causa de la exclusión de mi colega y amiga desde hace muchos años, la Dra. Stella Maris Borrego, de las comisiones del Colegio. Conocí a Vd. como un hombre que defendió con pasión sus ideas, pero por entonces nunca le vi, como en estos tiempos, intolerante y ejerciendo actitudes que entiendo discriminatorias. Como dije días pasados, creo en lo sostenido por Voltaire, aunque parezca pasado de moda: no pienso como usted, pero defenderé hasta mi muerte su derecho a no pensar como yo.
Esa tolerancia que reivindico, y ha sido dejada de lado por la conducción del Colegio, fue la modalidad de trabajo conjunto que primó en el Instituto que dirigí. Cualquiera fuese la postura doctrinaria de los colegas que allí concurrieron y concurren, primaron el respeto y la camaradería, aún en medio de las discrepancias.
El innecesario clima violento que hoy se ha impuesto en la conducción del Colegio, lleva entonces a mi renuncia.
Sin otro particular, le saluda atentamente.
Dr. Pedro J. Kesselman

